Oops!

It looks like you don't have flash player 6 installed. Click here to go to Adobe download page.

Oops!

It looks like you don't have flash player 6 installed. Click here to go to Adobe download page.

Noticias

Entrevista: Carlos Varela: “Éramos y somos diferentes, pero coherentes”

La Habana, 17 de marzo de 2012

Por Marianela González para La Ventana, Portal informativo de La Casa de las Américas.

Cuando apenas restan unas horas para que tres cantautores de la llamada “generación de los topos” de la trova cubana se reúnan después de muchos años sobre el escenario, Carlos Varela, entre los primeros en lanzarse de los pequeños espacios a las grandes masas de público, se detiene para rememorar sus inicios y las décadas que les siguieron.

El gnomo, como le conoce ya más de una generación de cubanos, ocupará este viernes a las siete de la noche la sala Che Guevara de la Casa de las Américas, justo en la víspera del primer concierto que reuniera a los integrantes del movimiento de la Nueva Trova, en ese mismo espacio, hace 44 años. Le acompañarán Gerardo Alfonso y Frank Delgado, físicamente; Santiago Feliú, desde la añoranza que sentirá el público ante la ausencia del bardo por compromisos fuera de Cuba.

Este concierto recuerda además los años en que aún no escribías canciones, sino que proponías la música a partir de los textos de Víctor. ¿Cómo recuerdas la transición de una escritura a otra y cómo evocarías hoy aquellos años de peregrinaje, de búsquedas?

Recuerdo con mucho cariño esos años llenos de inquietudes, preguntas y necesidad de búsqueda, tanto en lo espiritual como en lo musical y lo poético. Tuvimos fuertes influencias musicales, lo mismo de la nueva canción que se estaba haciendo por aquellos años en Cuba, Brasil, Argentina y España, que de la música que sonaba en las emisoras del norte que escuchábamos a escondidas con antenas artesanales.

Mi formación musical empezó cuando de niño me colaba en las fiestas del barrio donde bandas de aficionados hacían covers de canciones de rock and roll en inglés que estaban de moda entre los jóvenes. Me pasaba horas fascinado con el sonido de cada instrumento, sobre todo la batería. Crecí con cada uno de esos conciertos de barrio y entre los platos de la batería más de una vez vi cuando llegaba la policía y se llevaba a todos los hippies de pelo largo.

A finales de los años 70, mi hermano, que también influyó mucho en mi formación desde el punto de vista de inquietudes poéticas y artísticas, me convenció de hacer teatro. Primero empecé en el pre Guiteras, donde incluso gané algunos premios como actor en festivales nacionales, y luego, cuando murió nuestro padre en 1982, decidí comenzar a estudiar actuación en el ISA.

Lo que aprendí del teatro me sirvió como una herramienta fundamental para desarrollar el oficio de la canción, no solo para diseñar la puesta en escena de los conciertos, es decir, la utilización de la luces, la escenografía, la dramaturgia de un show o de un disco, sino también para entender mejor cómo construir una historia, cómo contarla, es decir, la dramaturgia interna de cada canción.

Recuerdo también que en aquellos años, lo mismo íbamos a escuchar a Silvio y a Pablo en la Casa de las Américas, a Mike Porcel en el Hubert de Blanck, un concierto de los Almas Vertiginosas, a un ciclo de cine polaco o de cine de Tarkovsky en el Chaplin.

Eran los años de pasarse de mano en mano libros y casetes, todo el tiempo. Teníamos unas ansias enormes de devorar toda la información posible. Esta ansiedad fue algo que marcó a nuestra generación.

También era una suerte que en ese tiempo anduviésemos juntos todos los días con Santi Feliú, Gerardo, Frank, también con Pedro Luis Ferrer, Alberto Tosca, Donato y Roberto, y con pintores, escritores, etc. Todos con una pasión y unas ganas tremendas de decir, de buscarse y encontrarse a sí mismos. Mi apartamento fue durante buena parte de los 80 un laboratorio, un sitio de encuentros y discusiones entre pintores, cantautores, escritores, filósofos improvisados, críticos de arte, etc. Entre tertulias y en muchos casos acaloradas discusiones fuimos creciendo y, sin darnos cuenta, conformando el discurso poético que luego íbamos a convertir en obras.

Cuenta Gerardo que de los cuatro, fuiste quien primero logró presentarse en grandes espacios, donde muchas personas podían asistir. Eso marcó una diferencia que, pienso, relanzó a toda la generación a otro plano de visibilidad. Más de veinte años después, ¿así lo ves?

Realmente, el primero en tocar para grandes públicos fue Santi Feliú. A principios de los 80, junto a Silvio y Afrocuba, se presentó en grandes escenarios de una buena parte de Latinoamérica, Europa y Cuba, haciendo conciertos multitudinarios como el de escalinata de la Universidad y grandes teatros. Santi además fue el primero que fundó una banda y comenzó a hacer conciertos en Cuba y en otros países, sobre todo del Sur.

Mi primer grupo fue un cuarteto de cuerdas con músicos estudiantes del ISA y tocamos en algunos Festivales de la Nueva Trova en el Parque Almendares, a principios de los 80. En el año 87 fundé mi primera banda en el ISA y es a partir del 88 que comienzo a llenar grandes auditorios. Primero fue aquel polémico concierto en el Cine 23 y 12, después vino el cine Chaplin en el 89. Poco después me fui a Canarias con Silvio y me quedé grabando mi primer disco: Jalisco Park.

A mi regreso, todo sucedió como una explosión a gran velocidad y por eso, a partir del 90, comencé a tocar en el teatro Karl Marx y otros lugares abiertos con gran capacidad de público, a pesar de que sentía que aún no estaba preparado para semejante responsabilidad.

En esos años, todos estábamos demasiados ocupados en saltar obstáculos, sin saber aún cómo y dónde grabar un disco, viviendo en un país con solo dos estudios de grabación. Queríamos encaminar nuestras carreras dentro y fuera de Cuba, y pienso que cada uno poco a poco fue encontrando su propio camino, su propio estilo y su propia manera de comunicarse con su público.

Si realmente mis conciertos colaboraron, como dices, a relanzar a toda una generación, fue algo en lo que, te digo sinceramente, nunca me detuve a pensar. Si tantos años de peleas, incomprensiones, malentendidos y censuras por tantos personajes con poder, que me acusaron y quisieron apagarme y hacerme desaparecer, si todo esto sirvió tan solo para inspirar a un joven a escribir y a defender lo suyo, entonces valió la pena. Es curioso que muchos de esos personajes ya no estén en el poder. Incluso, muchos se han ido de Cuba y yo sigo aquí.

Creo que cada uno de nosotros hizo un gran aporte, cada uno defendió lo suyo a capa y espada y cada uno contribuyó a definir a una generación y a moldear lo que luego algunos definieron como canción inteligente. Éramos y somos diferentes pero coherentes. Todos hicimos el trabajo, como diría el maestro: “a tiempo y sonriente”.

Algunos te han calificado como el más “radical” de tu generación. ¿Así lo ves? Si fuera así, ¿radical en qué sentido y cómo crees que esa radicalidad se ha ido expresando con el paso del tiempo?

Yo no lo veo exactamente así. Creo que todos tenemos algo de radicales y de románticos.

Es posible que por el contenido social de algunas de mis canciones me tocara enfrentar a más “delimitadores de primaveras”, que siempre buscaban fantasmas en mis canciones y que no solo me censuraron en programas de radio y televisión, sino que incluso en muchas ocasiones quisieron cancelar mis conciertos y mi entrada en determinadas provincias de Cuba. En ese sentido, le tengo que agradecer eternamente a Silvio, quien fue como una especie de Haydee Santamaría para mí, fue mi protector contra muchos extremistas e ignorantes.

A partir del 88 tuve una etapa muy dura de acusaciones, estuve un año prohibido hasta en los centros espirituales, pero todo eso, lejos de apagarme, me fortaleció. Esa es la universidad de la calle. Siempre me interesaron mucho los temas urbanos, sociales y polémicos. Quizás eso venga del agudo sentido observador que te enseña el teatro. Me interesaba más la poesía con elementos urbanos que la poesía barroca o con elementos de la naturaleza, como ya venían haciendo otros cantautores. Nunca olvido que cuando conocí a Silvio, a principios del 80, me dijo: “trata que tus canciones se parezcan a tu vida, a tu historia, a tu barrio, a tus amigos, a tu perro, etc.”, y eso fue lo que hice, aprendí la lección y comencé a contar historias a partir de mis vivencias. Por eso es muy común encontrar en mis canciones elementos como el ruido de la ciudad, el asfalto, el humo, la gasolina, los transeúntes, etc., porque nací y me pasé 44 años de mi vida en la calle 23, viviendo encima de una gasolinera.

¿Cómo sientes la posibilidad de este concierto, justo en la víspera del aniversario 44 del primer concierto de la Nueva Trova, en la misma sala Che Guevara?

Este reencuentro me trae muchos recuerdos. Primero, el recuerdo de aquellos años maravillosos e irrepetibles del movimiento de la Nueva Trova, al que orgullosamente pertenecimos desde el año 80.

Pienso en Alberto Tosca y en Pedro Luis Ferrer, grandes influencias en mis comienzos. Gracias a su cariño, generosidad y confianza, me ayudaron a tomarme este oficio más en serio.

Pienso en mi hermano Víctor, quien ahora anda por New York intentando hacer su teatro. Influyó mucho en mí.

Pienso en Noel Nicola, con quien tuve una amistad muy especial en los 80. Él fue una escuela para Santi y para mí, el primero de los grandes que cantó dos de mis primeras canciones.

Recuerdo a mi madre Raquel, quien acogió a Santi, Gerardo y Frank como a sus hijos. Siempre les preparaba el té de tantas noches en mi apartamento del Vedado.

Recuerdo a muchos amigos con los que anduvimos y crecimos juntos esos años. Grandes hermanos como Joel Suárez, Gunilla, Botalin, Enrique Carballea, Jorge Dalton y muchos otros.

Recuerdo al fotógrafo Luis “El Plátano”, quien siempre estaba en los escenarios. Ahora está en el cielo.

Pienso en Carlos Alfonso y el Grupo Síntesis. Son como una familia para mí y me brindaron todo su apoyo con instrumentos y sonido con los que pude hacer mis primeros conciertos con banda.

Pienso en Nelson Vila, quien produjo nuestros primeros conciertos, y en Alejandro Arrechea, quien comenzó a iluminar mis escenarios.

Recuerdo a Julio García Espinosa, quien confió en mí para hacer mi primer concierto del Chaplin en el año 89.

Recuerdo tantas noches con mis grandes amigos: Puchi Fajardo, Blado Zamora y Omar Mederos, de donde salieron tantos temas.

Me vienen a la mente tantos nombres que están y que no están, que no acabaría nunca.

Recuerdo ahora a Sara, con su vitalidad y alegría de siempre.

Recuerdo a Amaury Pérez. Cuando en el 88 yo estaba prohibido en todas partes, él se me acercó, me echó una mano, me regaló una guitarra y me invitó a hacer una gira, que es la mejor cura que le puede hacer un colega a otro.

Recuerdo tanto a Silvio y a Pablo cantando juntos y pienso en la maravillosa experiencia que ha significado para mí contar con su amor, su amistad, su respeto, sus enseñanzas y su enorme generosidad.

Recuerdo aquellos finales de los años 70 cuando iba a Casa de las Américas a escuchar a Silvio, Pablo, Noel y Vicente, y en una pared de esa misma sala había una frase de Haydee que decía: “…No solo hay que hacer una canción comprometida, sino también que nos comprometa”.



(Regresar a Página de Noticias)
 
Club de Fans
Usuario (Email):
Contraseña:
Recuérdame
No recuerdo mi contraseña
Desea registrarse?  
Últimas Noticias